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miércoles, 29 de mayo de 2013

                                                                                                                                
Rosa Regás, escritora
Rosa Regás




Rosa Regàs Pagés, nombre completo de esta escritora, nacida en Barcelona, en 1933. 

La Guerra Civil fue el telón de fondo en el que se desenvolvió su infancia, durante la cual fue enviada a Francia y, después, ingresó en un internado. Su familia, como otras muchas de esa época, quedó disgregada tras la guerra. 

En la ciudad condal cursó estudios de Filosofía en la Universidad de Barcelona, y allí conoció a los poetas de la llamada generación del 50: Barral, Gil de Biedma y Ferrater. Contrajo matrimonio a los diecisiete años, del que nacieron cinco hijos.

Trabajó como editora en Seix Barral, desde 1964 a 1970 y, posteriormente, fundó su propia editorial, La Gaya Ciencia, las revistas Arquitecturas Bis y Cuadernos de la Gaya Ciencia. En dicha editorial de su creación trabajó hasta 1983, pasando ese mismo año a trabajar como editora y traductora en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), residiendo, por dicho motivo, en Ginebra, Nueva York, Washington y París.

De vuelta a España se instaló en Madrid y dirigió, entre 1994 y 1998, el Ateneo Americano de la Casa de América.

Hasta 1989, cuando sus hijos fueron mayores, no publicó su primer libro con el que inició su carrera literaria y que era una colección de relatos titulada Ginebra (1989) que trataba sobre la ciudad homónima, al que siguió la novela Memoria de Almator (1991), y otros títulos como Azul (ganadora del Premio Nadal en 1994) que le dió el espaldarazo literario, Viaje a la luz de Cham (1995), Luna, lunera (1999, Premio Ciudad de Barcelona de Narrativa), el ensayo Sangre de mi sangre (1998) y la novela La canción de Dorotea (ganadora del Premio Planeta en 2001). Sus obras más recientes son Per un món millor (2002), que es una colección de artículos escritos para sus intervenciones en un programa radiofónico, y la novela Diario de una abuela de verano (2004). Ese mismo año fue nombrada directora de la Biblioteca Nacional, cargo que ocupó hasta 2007.

Entre otras muchas distinciones, en 2005 recibió la Orden de Chevalier de la Legión de Honor de la República Francesa y, también, en el mismo año, la Generalitat de Catalunya le concedió la Cruz de San Jordi.

Escritora irreverente, polémica (recibió muchas críticas cuando fue directora de la Biblioteca Nacional de España pòr su labor), contradictoria y siempre a contracorriente, se define a sí misma como: "Sé defender una forma de vivir, de pensar y de ser pero no creo en los valores universales y eternos, ni en la moral natural, ni le veo el sentido a perder la vida por Dios, la patria o el deber u otras formas más modernas de dominar las conciencias. Pertenezco a la reserva de quienes sólo izarían banderas si estuvieran prohibidas, y sin embargo tengo la lágrima fácil y cualquier gesta intrascendente, cualquier estúpida heroicidad me hace llorar. Me merecen respeto muy pocas personas, admiración bastantes y ternura la mayoría. Desprecio a los traidorzuelos, a los vanidosos, a los fatuos, a los dogmáticos".

Ha sido galardonada con el Premio Biblioteca Breve 2013, por su novela Música de cámara, galardón que se une a otros muchos que ya posee. 





                                                                                                    
Bibliografía de Rosa Regás


Ginebra (1987)
Memoria de Almator (1991)
Azul (1994)
Canciones de amor y de batalla (1995)
Viaje a la luz del Cham (1995)
Pobre corazón (1996)
Desde el mar (1997)
Más canciones (1998)
Sangre de mi sangre: la aventura de los hijos (1998)
Sombras, nada más (1998)
Luna lunera (1999)
Hi havia una vegada (2001)
La canción de Dorotea (2001)
Per un món millor (2002)
Diario de una abuela de verano. El paso del tiempo (2004)
El valor de la protesta. El compromiso con la vida (2004)
Volcanes dormidos. Un viaje por Centroamérica (2005)
Memòries de la Costa Brava (2006)
Viento armado

PREMIOS
Premio Nadal (1994)
Premio Ciudad de Barcelona de Narrativa (1999)
Premio Planeta (2001)
Premio Biblioteca Breve (2013)


Diálogos del agua
Rosa Regás

Rosa Regás


Las guerras no sólo se declaran y se mantienen con toda su virulencia para apoderarse de los bienes que
posee un país, destruir su cultura e imponer la propia del invasor sino también para controlar el agua que baja de los montes y en muchos casos desviar su curso en beneficio propio. Porque el agua es la vida de un pueblo y sobre el agua se asienta el progreso y la riqueza porque en torno a ella crece y se desarrolla la cultura, la higiene, la salud.

De ahí que en un verdadero diálogo sobre el agua lo que más llama la atención, lo que exige una reflexión más profunda es comprobar como cualquier derecho fundamental, los de igualdad, justicia y libertad, encuentran muchas más dificultades de las habituales para aplicarse y hacerse cumplir. E incluso más aún a la hora de exigirlos aquellos que los reclaman, derrotados como están por la escasez de esta agua potable que sume sus vidas en un derrotero de angustia, enfermedad y muerte.

Tal vez la incipiente toma de conciencia de la sociedad a un nivel casi doméstico, en ciertos casos también al de los gobiernos, pueda cooperar con los esfuerzos que se hacen desde una solidaridad más organizada para proveer de agua a los pueblos que carecen de ella. Tomar conciencia del valor de agua que tanto desperdiciamos, tomar conciencia de la injusticia que supone poseer y tirar lo que los demás ni siquiera alcanzan a vislumbrar, tomar conciencia de que el caudal de agua que poseemos es finito y que cuanto más desperdiciamos más pobres de ella dejamos a los que la necesitan, es un ejercicio indispensable para iniciar una vida más solidaria en la que nuestro comportamiento alcance a ayudar a los desheredados de la tierra.

Porque sólo del conocimiento puede partir una actividad fecunda, no de la imposición ni de la autoridad por eficaz que sea. Y el conocimiento sólo nace del debate y del diálogo.

El diálogo del agua, pues, en palabras o en imágenes es un paso necesario hacia una solidaridad que se sustenta en la justicia, y que se dirige hacia un mundo en el que todos los seres humanos con los mismos derechos y la misma dignidad, gocen de los beneficios del agua potable, es decir, de la vida misma.

República

Rosa Regàs

14/04/2005

(Texto para la celebración en el Ateneo de Madrid del aniversario de la II República Española).

Soy hija de padres republicanos, un título que he mantenido con orgullo durante toda la vida, consciente de que su actitud frente a derrota y la dictadura, pero también a la esperada democracia fue para mí el fundamento de mis propias ideas republicanas.

Frente a la versión franquista de una República portadora del caos, de la indignidad y del asesinato, mi padre defendió siempre que, por el contrario, la Segunda República, aun habiendo tenido que luchar contra el capital y la Iglesia, había sido el primer y tal vez el único intento hasta entonces de procurar al pueblo español la dignidad, la libertad y los derechos fundamentales, y sacarlo de la sumisión y el oscurantismo en los que había vivido durante toda su Historia.

Por esto, cuando los aliados en la Segunda Guerra Mundial reconocieron el régimen de los sediciosos, sintió una profunda decepción, y a partir de aquel momento centró su esperanza en la muerte del dictador.

Pero cuando el dictador murió y comprobó con estupor que el camino elegido hacia la democracia dejaba en vía muerta el iniciado por la República Española, se encerró para siempre en sí mismo y en el silencio, y al cabo de cinco años murió.

Que mis palabras, como lo son cada 14 de abril, cada vez que me doy cuenta que en muchos campos todavía no hemos alcanzado la eficacia y la responsabilidad políticas de aquellos cinco años, incluso cada vez que en una manifestación veo ondear una bandera republicana, sean esta noche un homenaje a todos los hombres y mujeres que como él, mantuvieron, o todavía mantienen, viva la esperanza de recuperar la República, a todos los que para conseguirlo dedicaron la vida entera a la lucha y al sacrificio, y a los que murieron sin comprender de qué había servido tanta lealtad política, tanta fidelidad a la legalidad democrática, tanta honestidad y tanto dolor.