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jueves, 18 de octubre de 2012

Madame de Staël (escritora e intelectual francesa)



por Ana Alejandre           

Madame de Staël (1810), Simón de  Gérard
                Hay personaje dentro del mundo de la cultura y, especialmente de la literatura, muy desconocido para el gran público, y entre ellos Madame de Staël destaca por su extraordinaria personalidad y la gran influencia que tuvo en su época, cuando recibía en sus salones a los intelectuales, artistas, políticos y nobles más céebres de su época, además de por su condición de escritora de mucho éxito.
         ¿Pero quién fue Madame de Staël?  Su verdadero nombre era Anne Louise Germaine Necker, nacida el 22 de abril de 1766 en París, hija de un financiero, Jacques Necker,  de nacionalidad suiza, ministro de Luís XVI, y de Suzanne Couchod,  también suiza y originaria del cantón de Vaud, quien tenía un salón literario muy concurrido. Madame de Staël mostró, desde el primer momento, una aguda inteligencia y buen criterio.
            Contrajo matrimonio en 1786, con el embajador sueco en Francia, Eris Magnus, barón de Staël-Holstein, del que tuvo tres hijos. Este matrimonio no fue, sin embargo, el que la encumbró a la fama, sino que el mérito fue propio y radicaba en su propia inteligencia que destacó tanto en la literatura como en los asuntos políticos de la época, porque su salón literario se convirtió en el punto de reunión de los intelectuales y artistas franceses más afamados En 1788 escribió Carta sobre el carácter y las obras de Jean-Jacques Rousseau, por ser una  apasionada lectora de los filósofos franceses del siglo XVIII...
Benjamín Constant
            Durante la Revolución Francesa, apoyó de forma manifiesta a Tayllerand, por lo que huyó de Francia, en 1792, a raíz de caer la monarquía, para refugiarse en Suiza, país en el que creó y mantuvo un salón internacional al que asistieron numerosos personajes de la vida cultural. Se reencontró en allí con Benjamín Constant, a quien conocía de un viaje anterior, y con quien mantuvo una relación sentimental conflictiva y tormentosa que duró hasta 1808. 
 Cuando regresó a Francia, en 1797, conoció a  Napoleón  Bonaparte, por quien siente una gran fascinación que no es correspondida por aquel, ya que recelaba de una mujer que participaba de lleno en las intrigas política y palaciegas y, sobre todo, ante la que se sentía inferior en elocuencia. Además, su amante se afilió a la oposición a Napoleón, por lo que éste la condenó y, de nuevo, tuvo que abandonar París, en 1803. A todo ello se suma el revuelo producido por la publicación de su primera novela Delfine (1802), obra en la que expone la necesaria libertad de elección de pareja y se opone a las uniones de conveniencia, tan en boga por entonces, lo cual la encuadra dentro del movimiento romántico.
Madame Recamier
En este mismo año, 1802, enviudó, y volvió a contraer matrimonio con un joven militar suizo, Albert de Rocca, apodado familiarmente John. Se estableció en Copper, al que trasladó su salón y al que concurrieron los personajes más famosos de su época, desde Madame Recamier, Mathieu de Montmorency hasta su propio amante, Benjamín Constant.  Desde allí realizó continuos viajes. Fue a Alemania, país en el que visitó a Goethe y Shiller, en Weimar y Viena, además de que pudo conocer y editar al Príncipe de Ligne. De ese viaje surgió su obra Alemania (1810), en la que se advierte lo que ella afirma como el descubrimiento de la verdadera “región del alma”. Admiraba en el  ambiente alemán lo que tenía de opuesto al materialismo que reinaba en la corte imperial francesa, por lo que para ella el espíritu alemán representaba el ideal de toda magnificencia en su propia austeridad. De su obra Alemania, de la que se publicaron más de 10.000 ejemplares, Napoleón mandó que se quemaran en su totalidad, aunque tres años más tarde fue reeditada en Londres, porque algunos ejemplares escaparon inexplicablemente de la quema. Goethe escribió admirativamente sobre dicha obra, sin ningún tipo de cortapisa.
De sus viajes y exilios, Madame de Staël, va consiguiendo enriquecer su personalidad, dándole matices que unen su adhesión al romanticismo con aires más cosmopolitas, lo que la convierte en una escritora más cercana a los ideales de la Ilustración que a los propiamente románticos.
Posteriormente, en 1807, volvió a sufrir el exilio tras publicar Corinne o Italia, obra que estaba basada en la brillante carrera artística y literaria de la heroína angloamericana Corinne, fue la obra más famosa de Madame de Staël, y tuvo una gran influencia en todas las escritoras de la época, a las que sirvió de aliciente y estímulo en su búsqueda y esfuerzo de conseguir  reconocimiento en sus trayectorias literarias. Además, su influencia se extendió a todo el siglo XIX que la tuvo como referente en cuanto a la narrativa se refiere.
Madam de Staël fue una evidente difusora de las teorías del romanticismo a través de sus obras, especialmente del título De la literatura (1800).en la que existe un importante capítulo que trata de las mujeres escritoras.
En su obra  se advierten los ecos prerrománticos alemanes que habían llegado apenas a Francia, representados por  autores como Shiller, los hermanos Schlegel, Ticek o Novalis, entre otros. Su admiración por los ideales revolucionarios franceses eran evidentes, aunque ella tenía un origen aristocrático. Sin embargo, a raíz en los sucesos que motivaron la etapa del Terror en Paris, tuvo que optar por el exilio en 1792, como ya se ha dicho anteriormente, ya que era partidaria de la monarquía constitucional.
Además, existe otra nota predominante en toda su obra, como es el intento constante de luchar por los derechos de la mujer que, en apariencia, parecían estar velados por los propios principios de la Revolución Francesa, aunque no en la práctica, porque los hombres seguían teniendo iguales privilegios que siempre, copando todos los puestos que detentaban el poder,  negándoselos a las mujeres, quienes seguían en la misma  situación de ciudadanas de segunda clase y a las que se les reservaba el  ámbito doméstico como único escenario en el que pudieran desenvolverse..
Luís XVI
    A pesar de estas limitaciones, Madame de Staël, por su espíritu luchador y su capacidad de iniciativa, carácter que parece ser influenciado en alto grado por  la enseñanza recibida de sus padres, porque no hay que olvidar que su progenitor fue destituido de su cargo de ministro de Luís XVI, por haber tenido la valentía de denunciar el derroche excesivo de la Corte, aunque el monarca le volvió a llamar para ocupar el mismo puesto, debido a las pésimas circunstancias en las que se encontraban las finanzas reales, aunque ya era demasiado tarde para conseguir arreglar el descalabro económico. Por ello, no se advierte en esta autora esa especie de derrotismo que se apreciaban en otras figuras del mundo cultural que también estaban fuertemente influenciados por el espíritu del romanticismo.
Napoleón Bonaparte
Su lema era que la libertad era necesaria, tanto en el ámbito personal y privado como en el político, aunque no siempre fue comprendida y recibió muchas críticas al respecto de personalidades de su época, como las vertidas por el propio Heinrich Heine, poeta y escritor de fama universal, que aducía que todo su afán libertario se debía a que no había sido correspondida por Napoleón Bonaparte, por lo que sus escritos contra el emperador eran sólo la consecuencia de haber sido rechazada y, por ello, escribía impulsada por el despecho, lo que  dicho escritor afirma en sus Confesiones.
Esta escritora es una figura representativa y singular, impropia de una mujer de su época, que ilustra de forma extraordinaria el paso del siglo XVIII sl XIX, y va marcando el camino desde la Ilustración y el racionalismo al romanticismo, allanando el camino para poetas posteriores como fueron Baudelaire y al simbolismo representado por Rimbaud
Otras obras ensayísticas de esta autora son. De la influencia de las pasiones sobre la felicidad de los individuos y de las naciones (1796); De la literatura considerada en sus relaciones con las instituciones sociales (1800), y Consideraciones sobre los principales acontecimientos de la Revolución francesa (1818) y  la obra testimonial Diez años de destierro (1821).



lunes, 9 de julio de 2012

Rosa Chacel

por Ana Alejandre
Rosa Chacel
Nació el 3 de junio de 1898 en Valladolid. Se trasladó con su familia a Madrid en 1908 y se instalaron en el barrio de Maravillas -barrio al que evocaría en su obra de igual título-,en casa de su abuela materna. Por tener una salud delicada,  comenzó a estudiar en casa a lo que le ayudaba su madre que era maestra.

Posteriormente, Rosa,  recibió clases de dibujo con Fernanda Francés en la Escuela de Artes y Oficios y en la Escuela del Hogar y Profesional de la Mujer, e ingresó más posteriormente en el Escuela de Bellas Artes de San Fernando, estudios que abandonó en 1918.

Es a partir de ese año cuando comienza a relacionarse en los círculos de la bohemia literaria de los cafés madrileños como son El Granja del Henar y la Botillería de Pombo, además de frecuentar el Ateneo de Madrid.

            Contrajo matrimonio, en 1921, con el pintor Timoteo Pérez Rubio («Timo»), de cuya unión nació un hijo, Carlos.


Una imagen de juventud de Rosa chacel
  Se introdujo en el círculo de Ortega y Gasset. En 1928, publica dos relatos en la Revista de Occidente, Chinina Migone, 1928 y Juego de las dos esquinas, en 1929. y el ensayo Esquema de los problemas culturales y prácticos del amor, en1931. Y también publicó en la Gaceta Literaria.
            Desde 1922 a 1927 el matrimonio pasó a residir en Italia, por haber obtenido una beca su marido en la “Academia de España” de Roma.  Años más tarde, en 1933, estuvo viviendo seis meses sola en Berlín, tratando de superar la fuerte crisis personal y creativa que le supuso la muerte de su madre.

            Cuando estalló la Guerra Civil Española, Rosa Chacel firmó el Manifiesto de los intelectuales antifascistas,  además de colaborar con la prensa república y trabajó como enfermera, mientras  su marido se alistó y marchó al frente.

            Debida a la tensión política y al propio desarrollo de la guerra, el gobierno decidió enviar al exterior las obras del Museo del Prado, cuya responsabilidad recayó sobre Pérez Rubio. Rosa y su hijo se trasladaron primero a Barcelona, y después a Valencia y a Francia, previa etapa en Grecia donde fueron huéspedes de Nikos Kazantzakis. Después de caer la República la familia se reunió y marcharon a Brasil.

            Rosa Chacel obtuvo una beca Guggenheim durante dos años en Nueva York. Volvió a España en 1963 y aquí residió durante uno año, para regresar definitivamente en 1973 con una beca de la Fundación March para acabar su famosa obra Barrio de Maravillas. A partir de este momento se abre para la escritora la etapa más fértil de trayectoria literaria. Después de la muerte de su marido, en 1977, se instala ya de forma definitiva en Madrid.

Rosa Chacel a su regreso a España
Su estilo literario está marcado por una gran capacidad de introspección e intimismo que le sirve de filtro para observar y juzgar al mundo  circundante del que es una extraordinaria observadora y al que  recrea en toda su obra con especial sensibilidad y maestría narrativa.

En España no tuvo demasiado reconocimiento al principio porque toda su obra se había publicado en su etapa del exilio, y hasta su definitivo regreso a España no se le llegó a conocer cuando fue descubierta por el público español al ser reeditada en nuestro país

Falleció en Madrid, el y de agosto de 1994. A lo largo de su vida recibió diversos y prestigiosos premios y distinciones.



Rosa Chacel, escribiendo
BIBLIOGRAFÍA                                                                                          

Novela 
Estación ida y vuelta (1930)
Teresa (1941)
Memorias de Leticia Valle (1945)
La Sinrazón (1960)
Barrio de Maravillas(1976)
Novelas antes de tiempo (1981)
Acrópolis (1984)
Ciencias naturales (1988)

Cuento 
Sobre el piélago (1952)
Ofrenda a una virgen loca (1961)
Icada, Nevda, Diada (1971)
Balaam y otros cuentos (1989)

Poesía 
A la orilla de un pozo (1936)
Versos prohibidos (1978)
Poesía (1931-1991) 

Biografía y diarios 
Desde el amanecer (1972)
Timoteo Pérez Rubio y sus retratos del jardín (1980)
Alcancía. Ida (1982)
Alcancía. Vuelta (1982)

Ensayo 
Poesía de la circunstancia. Cómo y porqué de la novela (1958)
La confesión (1971)
Saturnal (1972)
Los títulos (1981)
Rebañaduras (1986)
La lectura es secreto (1989)

PREMIOS

Premio de la Crítica (1976) 
Premio Nacional de las Letras Españolas (1987)
Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Valladolid (1989) 
Premio Castilla y León de las Letras (1990)


ENLACES

http://www.epdlp.com/escritor.php?id=1574
http://www.ucm.es/info/especulo/numero21/rchacel.html
http://www.conoze.com/doc.php?doc=1950
http://www.cyberhumanitatis.uchile.cl/CDA/texto_simple2/0,1255,SCID%253D5918%2526ISID%253D287,00.html
http://www.filosofia.org/hem/193/hde/hde04047.htm

Comentarios de una lectora

Memorias de Leticia ValleRosa Chacel
Prólogo de Juan Antonio de Villena
Círculo de Lectores
Madrid, 1988, 221 págs.
Memorias de Leticia Valle
Rosa Chacel
Prólogo de Juan Antonio de Villena
Círculo de Lectores
Madrid, 1988, 221 págs.

por 
Ana Alejandre

Esta novela se puede considerar la más conocida, aunque no la mejor de Rosa Chacel, pues quizás se le podría adjudicar dicho adjetivo a La sinrazón, novela considerada su obra maestra.

Sin embargo, Memorias de Leticia Valle sí es la novela más accesible, en cuanto a su lectura se refiere, aunque contiene un sinfín de disquisiciones y reflexiones de una niña de doce años, su protagonista, que pueden ser reflejos de vivencias reales y no ficticias de la propia vida de su autora, como es el caso de lo narrado sobre la figura de Ortega y Gasset, en forma de clave, quien tuvo una gran influencia en la vida de Rosa Chacel, pues mantuvo con el filósofo una relación de amistad y admiración, a través del grupo de intelectuales creado alrededor de la figura del iluste pensador al que se incorporó Rosa, en la primera veintena del siglo pasado.

Rosa Chacel había afirmado siempre que Memorias de Leticia Valle no era una autobiografía, sino un retrato, aunque se encuentra infinidad de coincidencias del carácter de la escritora con el de la protagonista de esta novela, lo que puede suponer una serie de claves que nos van descifrando la propia vida de Rosa Chacel, a través de los símbolos que nos ofrece en esta novela. Leticia Valle es una niña que se queda fascinada por el bagaje intelectual de su mentor, don Daniel, que empaña la figura de doña Luísa, esposa de aquel, a pesar de que esta señora le da clase de música a la niña, pero sin despertar en ella esa intensa admiración que siente hacia el personaje masculino en el que encuentra las notas principales de un auténtico intelectual.

Hay que tener en cuenta que esta novela fue escrita en los años cuarenta y era auténticamente revolucionario crear un personaje femenino que no tuviera otra aspiración vital que convertirse en esposa y madre, es decir en una simple ama de casa. Por dicho motivo, se puede considerar a la autora de esta novela como una escritora revolucionaria en su tiempo, pero no sólo por la aspiración intelectual de su personaje, sino por el hecho de basar dicha novela en un proceso de seducción intelectual entre maestro y alumna en pleno inicio de la adolescencia, por lo que no es una Lolita, al modo de Novokov, ni tampoco una víctima de la seducción que le provoca dicho personaje masculino, sino que es consciente y voluntariamente actora en dicho proceso de identificación admirativa, pero con las secuelas que ésta le deja.

Quizás, llegados a este punto, se pueden encontrar en esta novela las claves definitorias del antifeminismo de Rosa Chacel, por lo que piensa que que la mujer no tiene que reivindicar un mayor protagonismo por creer que permanece supeditado al del hombre, ya que para ella eso sería una prueba manifiesta de que acepta y se supedita al machismo como sistema consuetudinariamente institucionalizado, por lo que la mujer debe tomar ese protagonismo y hacer uso de él sin reivindicación alguna, sino de una forma natural y espontánea, porque es un derecho que por ser suyo, por el mero hecho de ser un ser humano, no tiene por qué reivindicar con gritos, soflamas y exigencias, sino que tiene que actuar y no perdet tiempo y fuerzas en reivindicar lo que es suyo y no una concesión del varón.

Quizás en esta actitud de Leticia Valle con don Daniel se encuentran las claves de la propia relación de ambivalencia de Rosa Chacel con Ortega y Gasset, en la que existía, por parte de ella, la admiración indubitada hacia el magisterio intelectual de Ortega, cuya influencia se encuentran en toda la obra de esta autora en la que existen reflejos filosóficos y ensayísticos; al igual que a esta escritora le producía aunténtica crispación el concepto del filósofo sobre la mujer a la que calificaba poco menos de ser un simple objeto erótico o de seducción, pero dejando la función intelectual al hombre por considerar a la mujer poco dotada para dicho fin. La contradicción que le ofrecía al pensador el hecho de que Rosa Chacel fuera una de sus mejores alumnas, ponía en tela de juicio los prejuicios machistas que tenía al respecto.

En esta novela, don Daniel y su esposa parecen entablar una especie de pugna entre ambos por la admiración y reconocimiento que advierten en la niña y es en esta parte de la obra donde se puede apreciar más la sombra de Ortega detrás del personaje del mentor.

La voz narradora de la novela es la de la propia Leticia Valle, al mismto tiempo que su protagonista, y esto sucede en el momento histórico, 1945, en el que fue escrita y en el que no existían apenas novelas escritas, narradas y protagonizadas por una mujer, lo que le añade un plus de novedad y digresión que la hace más interesante si cabe y, especialmente, hay que tener en cuenta que esta novela fue escrita en el exilio, porque hubiera sido de todo punto imposible haberla escrito y publicado en la España franquista de la época, en la que hubiera sido el detonante de un escándalo y quizás le hubiera valido el exilio en el que ya estaba cuando la escribió y publicó.

Se pueden encontrar en esta novela varias lecturas, todas ellas clarificadoras de la personalidad y el talante de Rosa Chacel: la vital, es decir, las propias vivencias de Rosa Chacel cuando aún vivía en Valladolid; la seducción -en el sentido intelectual de la palabra únicamente- de una niña por un hombre que le fascina por su bagaje cultural y humanista; la confrontación entre los roles masculinos y femeninos de la época y la forma de superar dicho conflicto; y, por último, las relaciones entre los gerifaltes de la cultura española y la escritora de principios del siglo XX., lo que viene a definir el pensamiento de esta autora que fue conocida en España a la vuelta de su exilio, a partir de los años setenta del pasado siglo.

A pesar de la distancia en la que escribió gran parte de su obra -esta novela objeto de comentario también-, nos ofrece un magnífico mosaico, muchas veces en clave, de lo que suponía para una mujer vivir en un mundo hecho por hombres y para hombres a su medida, en el que la figura de la mujer se desdibujaba siempre detrás del rol tradicional de madre y esposa, es decir, marginada del mundo cultural y de su propio desarrollo intelectual y humano.

Memorias de Leticia Valle es, pues, la novela de una escritora que supo escribir a contracorriente en una épóca en la que se sentía constreñida por los prejuicios machistas, la invisibilidad de la mujer en el mundo cultural e intelectual, y la vocación irrefrenable y poderosa de una escritora que se adelantó a su época, pero sin estridencias, ni revoluciones que no pasaran por el filtro de su talento creador y de su capacidad para escribir y crear historias que eran la disculpa para poder pergeñar su capacidad crítica de una época y una sociedad que no le gustaban, en su condición de mujer, y a la que describía con sensibilidad, capacidad crítica y una gran lucidez.

viernes, 15 de junio de 2012

Rosa Chacel


por Ana Alejandre




Rosa Chacel
Nació el 3 de junio de 1898 en Valladolid. Se trasladó con su familia a Madrid en 1908 y se instalaron en el barrio de Maravillas -barrio al que evocaría en su obra de igual título-,en casa de su abuela materna. Por tener una salud delicada,  comenzó a estudiar en casa a lo que le ayudaba su madre que era maestra.
Posteriormente, Rosa,  recibió clases de dibujo con Fernanda Francés en la Escuela de Artes y Oficios y en la Escuela del Hogar y Profesional de la Mujer, e ingresó más posteriormente en el Escuela de Bellas Artes de San Fernando, estudios que abandonó en 1918.
Es a partir de ese año cuando comienza a relacionarse en los círculos de la bohemia literaria de los cafés madrileños como son El Granja del Henar y la Botillería de Pombo, además de frecuentar el Ateneo de Madrid.
            Contrajo matrimonio, en 1921, con el pintor Timoteo Pérez Rubio («Timo»), de cuya unión nació un hijo, Carlos.
            Se introdujo en el círculo de Ortega y Gasset. En 1928, publica dos relatos en la Revista de Occidente, Chinina Migone, 1928 y Juego de las dos esquinas, en 1929. y el ensayo Esquema de los problemas culturales y prácticos del amor, en1931. Y también publicó en la Gaceta Literaria.
            Desde 1922 a 1927 el matrimonio pasó a residir en Italia, por haber obtenido una beca su marido en la “Academia de España” de Roma.  Años más tarde, en 1933, estuvo viviendo seis meses sola en Berlín, tratando de superar la fuerte crisis personal y creativa que le supuso la muerte de su madre.
            Cuando estalló la Guerra Civil Española, Rosa Chacel firmó el Manifiesto de los intelectuales antifascistas,  además de colaborar con la prensa república y trabajó como enfermera, mientras  su marido se alistó y marchó al frente.
            Debida a la tensión política y al propio desarrollo de la guerra, el gobierno decidió enviar al exterior las obras del Museo del Prado, cuya responsabilidad recayó sobre Pérez Rubio. Rosa y su hijo se trasladaron primero a Barcelona, y después a Valencia y a Francia, previa etapa en Grecia donde fueron huéspedes de Nikos Kazantzakis. Después de caer la República la familia se reunió y marcharon a Brasil.
            Rosa Chacel obtuvo una beca Guggenheim durante dos años en Nueva York. Volvió a España en 1963 y aquí residió durante uno año, para regresar definitivamente en 1973 con una beca de la Fundación March para acabar su famosa obra Barrio de Maravillas. A partir de este momento se abre para la escritora la etapa más fértil de trayectoria literaria. Después de la muerte de su marido, en 1977, se instala ya de forma definitiva en Madrid.
Su estilo literario está marcado por una gran capacidad de introspección e intimismo que le sirve de filtro para observar y juzgar al mundo  circundante del que es una extraordinaria observadora y al que  recrea en toda su obra con especial sensibilidad y maestría narrativa.
En España no tuvo demasiado reconocimiento al principio porque toda su obra se había publicado en su etapa del exilio, y hasta su definitivo regreso a España no se le llegó a conocer cuando fue descubierta por el público español al ser reeditada en nuestro país
Falleció en Madrid, el y de agosto de 1994. A lo largo de su vida recibió diversos y prestigiosos premios y distinciones.


Bibliografía de Rosa Chacel


Una imagen de Rosa Chacel escribiendo



Novela 
Estación ida y vuelta (1930)
Teresa (1941)
Memorias de Leticia Valle (1945)
La Sinrazón (1960)
Barrio de Maravillas(1976)
Novelas antes de tiempo (1981)
Acrópolis (1984)
Ciencias naturales (1988)

Cuento 
Sobre el piélago (1952)
Ofrenda a una virgen loca (1961)
Icada, Nevda, Diada (1971)
Balaam y otros cuentos (1989)

Poesía 
A la orilla de un pozo (1936)
Versos prohibidos (1978)
Poesía (1931-1991) 

Biografía y diarios 
Desde el amanecer (1972)
Timoteo Pérez Rubio y sus retratos del jardín (1980)
Alcancía. Ida (1982)
Alcancía. Vuelta (1982)

Ensayo 
Poesía de la circunstancia. Cómo y porqué de la novela (1958)
La confesión (1971)
Saturnal (1972)
Los títulos (1981)
Rebañaduras (1986)
La lectura es secreto (1989)

PREMIOS

Premio de la Crítica (1976) 
Premio Nacional de las Letras Españolas (1987)
Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Valladolid (1989) 
Premio Castilla y León de las Letras (1990)


ENLACES

http://www.epdlp.com/escritor.php?id=1574
http://www.ucm.es/info/especulo/numero21/rchacel.html
http://www.conoze.com/doc.php?doc=1950
http://www.cyberhumanitatis.uchile.cl/CDA/texto_simple2/0,1255,SCID%253D5918%2526ISID%253D287,00.html
http://www.filosofia.org/hem/193/hde/hde04047.htm

Portada de una de las ediciones de
Memorias de Leticia Valle

Memorias de Leticia Valle
Rosa Chacel
Prólogo de Juan Antonio de Villena
Círculo de Lectores
Madrid, 1988, 221 págs.

por 
Ana Alejandre

Esta novela se puede considerar la más conocida, aunque no la mejor de Rosa Chacel, pues quizás se le podría adjudicar dicho adjetivo a La sinrazón, novela considerada su obra maestra.

Sin embargo, Memorias de Leticia Valle sí es la novela más accesible, en cuanto a su lectura se refiere, aunque contiene un sinfín de disquisiciones y reflexiones de una niña de doce años, su protagonista, que pueden ser reflejos de vivencias reales y no ficticias de la propia vida de su autora, como es el caso de lo narrado sobre la figura de Ortega y Gasset, en forma de clave, quien tuvo una gran influencia en la vida de Rosa Chacel, pues mantuvo con el filósofo una relación de amistad y admiración, a través del grupo de intelectuales creado alrededor de la figura del iluste pensador al que se incorporó Rosa, en la primera veintena del siglo pasado.

Rosa Chacel había afirmado siempre que Memorias de Leticia Valle no era una autobiografía, sino un retrato, aunque se encuentra infinidad de coincidencias del carácter de la escritora con el de la protagonista de esta novela, lo que puede suponer una serie de claves que nos van descifrando la propia vida de Rosa Chacel, a través de los símbolos que nos ofrece en esta novela. Leticia Valle es una niña que se queda fascinada por el bagaje intelectual de su mentor, don Daniel, que empaña la figura de doña Luísa, esposa de aquel, a pesar de que esta señora le da clase de música a la niña, pero sin despertar en ella esa intensa admiración que siente hacia el personaje masculino en el que encuentra las notas principales de un auténtico intelectual.

Hay que tener en cuenta que esta novela fue escrita en los años cuarenta y era auténticamente revolucionario crear un personaje femenino que no tuviera otra aspiración vital que convertirse en esposa y madre, es decir en una simple ama de casa. Por dicho motivo, se puede considerar a la autora de esta novela como una escritora revolucionaria en su tiempo, pero no sólo por la aspiración intelectual de su personaje, sino por el hecho de basar dicha novela en un proceso de seducción intelectual entre maestro y alumna en pleno inicio de la adolescencia, por lo que no es una Lolita, al modo de Novokov, ni tampoco una víctima de la seducción que le provoca dicho personaje masculino, sino que es consciente y voluntariamente actora en dicho proceso de identificación admirativa, pero con las secuelas que ésta le deja.

Quizás, llegados a este punto, se pueden encontrar en esta novela las claves definitorias del antifeminismo de Rosa Chacel, por lo que piensa que que la mujer no tiene que reivindicar un mayor protagonismo por creer que permanece supeditado al del hombre, ya que para ella eso sería una prueba manifiesta de que acepta y se supedita al machismo como sistema consuetudinariamente institucionalizado, por lo que la mujer debe tomar ese protagonismo y hacer uso de él sin reivindicación alguna, sino de una forma natural y espontánea, porque es un derecho que por ser suyo, por el mero hecho de ser un ser humano, no tiene por qué reivindicar con gritos, soflamas y exigencias, sino que tiene que actuar y no perdet tiempo y fuerzas en reivindicar lo que es suyo y no una concesión del varón.

Quizás en esta actitud de Leticia Valle con don Daniel se encuentran las claves de la propia relación de ambivalencia de Rosa Chacel con Ortega y Gasset, en la que existía, por parte de ella, la admiración indubitada hacia el magisterio intelectual de Ortega, cuya influencia se encuentran en toda la obra de esta autora en la que existen reflejos filosóficos y ensayísticos; al igual que a esta escritora le producía aunténtica crispación el concepto del filósofo sobre la mujer a la que calificaba poco menos de ser un simple objeto erótico o de seducción, pero dejando la función intelectual al hombre por considerar a la mujer poco dotada para dicho fin. La contradicción que le ofrecía al pensador el hecho de que Rosa Chacel fuera una de sus mejores alumnas, ponía en tela de juicio los prejuicios machistas que tenía al respecto.

En esta novela, don Daniel y su esposa parecen entablar una especie de pugna entre ambos por la admiración y reconocimiento que advierten en la niña y es en esta parte de la obra donde se puede apreciar más la sombra de Ortega detrás del personaje del mentor.

La voz narradora de la novela es la de la propia Leticia Valle, al mismto tiempo que su protagonista, y esto sucede en el momento histórico, 1945, en el que fue escrita y en el que no existían apenas novelas escritas, narradas y protagonizadas por una mujer, lo que le añade un plus de novedad y digresión que la hace más interesante si cabe y, especialmente, hay que tener en cuenta que esta novela fue escrita en el exilio, porque hubiera sido de todo punto imposible haberla escrito y publicado en la España franquista de la época, en la que hubiera sido el detonante de un escándalo y quizás le hubiera valido el exilio en el que ya estaba cuando la escribió y publicó.

Se pueden encontrar en esta novela varias lecturas, todas ellas clarificadoras de la personalidad y el talante de Rosa Chacel: la vital, es decir, las propias vivencias de Rosa Chacel cuando aún vivía en Valladolid; la seducción -en el sentido intelectual de la palabra únicamente- de una niña por un hombre que le fascina por su bagaje cultural y humanista; la confrontación entre los roles masculinos y femeninos de la época y la forma de superar dicho conflicto; y, por último, las relaciones entre los gerifaltes de la cultura española y la escritora de principios del siglo XX., lo que viene a definir el pensamiento de esta autora que fue conocida en España a la vuelta de su exilio, a partir de los años setenta del pasado siglo.

A pesar de la distancia en la que escribió gran parte de su obra -esta novela objeto de comentario también-, nos ofrece un magnífico mosaico, muchas veces en clave, de lo que suponía para una mujer vivir en un mundo hecho por hombres y para hombres a su medida, en el que la figura de la mujer se desdibujaba siempre detrás del rol tradicional de madre y esposa, es decir, marginada del mundo cultural y de su propio desarrollo intelectual y humano.

Memorias de Leticia Valle es, pues, la novela de una escritora que supo escribir a contracorriente en una épóca en la que se sentía constreñida por los prejuicios machistas, la invisibilidad de la mujer en el mundo cultural e intelectual, y la vocación irrefrenable y poderosa de una escritora que se adelantó a su época, pero sin estridencias, ni revoluciones que no pasaran por el filtro de su talento creador y de su capacidad para escribir y crear historias que eran la disculpa para poder pergeñar su capacidad crítica de una época y una sociedad que no le gustaban, en su condición de mujer, y a la que describía con sensibilidad, capacidad crítica y una gran lucidez.

domingo, 12 de febrero de 2012

La hermana de Mozart, otro genio desconocido de la música.

Añadir leyMaria Anna Walburga Ignatia Mozart

              Ser mujer a lo largo de la Historia siempre fue un obstáculo invencible para la expresión y el reconocimiento del propio talento de la índole que fuera, ya que el mundo de la cultura, el arte y el conocimiento ha sido siempre un coto reservado para los hombres y hecho a su medida.
          El caso de la hermana de Mozart, María Anna Walburga Ignatia, conocida como Nannerl, es uno más que se suma a la larga lista de mujeres con un talento o don prodigioso en cualquiera de las ramas  del saber que, por su simple condición femenina, se vieron obligadas al ostracismo y al olvido de esas facultades portentosas que nacieron con ellas y murieron en el más ominoso olvido por culpa de los prejuicios, de la envidia de los propios hombres y de las costumbres sociales que relegaban a la mujer al oscuro papel de esposa y madre para que no hiciera sombra a los hombres que, por esa esclavitud intelectual a la que sometían a la mujer, se sentían superiores en un gesto de cinismo, soberbia y falacia que ha llegado hasta nuestros días en los que, supuestamente, la mujer tiene igualdad de derechos con el hombre, pero dobles deberes que éste último, exceso que el género masculino no tiene ningún deseo de reclamarlo para sí mismo, en una evidente declaración tácita de que no son demasiado deseables ni lucidos.
          La hermana de Mozar tenía unas extraordinarias facultades para la música. Su padre, Leopold, compositor, violinista y director musical en el arzobispado de Salzburgo, tenía una verdadera obsesión por enseñar e introducir a sus hijos en el mundo musical, tanto a Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart, como a la propia Nannerl, nacida en 1751 y cuatro años y medio mayor que su genial y reconocido hermano. Nannerl fue la cuarta hija de matrimonio formado por Leopold y Anna Maria Mozart y que, junto a su genial hermano fueron los únicos hijos que sobrevivieron. Nannerl comenzó a recibir lecciones que le  impartía su padre desde que era muy pequeña, las que despertaron la curiosidad e interés de su famoso hermano por la música. La niña tenía una gran pasión por el violín, por entonces un instrumento considerado poco apropiado para las mujeres, por lo que tuvo que decantar su vocación musical hacia el clavecín y el canto, lo que era más adecuado para las mujeres de la época.
       El talento de Mozart anuló al de su hermana de la que poco se ha conocido, aunque en la última década se han publicado varios libros sobre esta desconocida y excepcional música como son los títulos —«The Other Mozart» (2001), de Sharon Chmielarz; «Mozart's Sister: A Novel» (2006), de Nancy Moser; «La sorella di Mozart» (2007), de Rita Charbonnier; e «In Mozart's Shadow: His Sister's Story» (2008), de Carolyn Meyer, pero quien le ha dado notoriedad y la ha rescatado del olvido ha sido el director de cine René Féret a través de la película «Nannerl, la hermana de Mozart», a raíz del descubrimiento que hizo de las cartas que Leopold Mozart, padre de ambos músicos, escribió a Lorenz Hagenauer, el mecenas que financió el viaje que la familia Mozart hizo por Europa y que comenzó en Munich, en 1762, y finalizó en 1766, lo que sirve de argumento del film antes mencionada que se estranará el próximo mes de octubre en España.
          Para conocer la figura de Nannerl no sólo sirve de base la propia correspondencia antes citada, sino también la que el Propio Amadeus Mozart mantuvo con su propia hermana hasta que contrajo éste matrimonio con Constanze, lo que fue el principio del alejamiento de ambos hermanos por no ser bien aceptada la esposa de Mozart en la familia de éste.
Leopold desea fervientemente que toda Europa conozca las dotes musicales de sus hijos y prepara la gira familiar que obtiene las entusiastas alabanzas por donde quiera que actúa el trío formado por el padre y los dos hijos. Sin embargo, las comparaciones entre los dos niños geniales comienzan y según palabras del propio padre son descritos así: «...Wolfgang es extremadamente divertido aunque un poco pícaro. Y Nannerl no sufre mucho con las comparaciones con el chico, porque toca tan maravillosamente que todos hablan sobre ella y admiran su ejecución.», en una carta desde Fráncfort. Los comentaristas musicales de la época alabaron entusiasmados el talento de Nannerl que, con sólo doce años, era una de las más virtuosas intérpretes en Europa. Ella cantaba mientras su hermano Wolfgang tocaba el clavecín, incluso con los ojos tapados, y su padre el violín como muestran algunos retratos de la época. La gira finalizó en 1766 al contraer la escarlatina Wolfgang y, a partir de entonces, Nannerl ya haría contados viajes de gira pues había comenzado a ser una joven casadera.
 Mozart, sin embargo, siguió viajando con su padre pero no dejó de tener contacto con su hermana, a la que animaba mucho a proseguir con la música, especialmente como intérprete aconsejándole que gracias a su talento podía dar clases de piano en Viena y ganar mucho dinero así. Tambié le hacía hincapié que siguiera con la escritura de canciones que asombraban a su hermano por la perfección que tenía en la creación de bellas melodías. Le escribió desde Nápoles, en 1770: «Cara Sorella Mía! Me asombra ver lo bien que compones. En una palabra, la canción es preciosa. Hazlo más veces. Mándame pronto los otros seis minuetos de Haydn, te lo suplico», A pesar de que no han sobrevivido ninguna de dichas composiciones, algunos especialistas creen que Nannerl puco colaborar con su hermano en las primeras partituras firmadas por Moza
        La vida de Nannerl estuvo siempre marcada por la total aceptación y sumisión a los deseos de su padre que la convirtió en una hija obediente y devota del amor filial como  era lo indicado en la época en la que vivió. Aunque Mozart se había casado con la mujer que él eligió, ella tuvo que renunciar al profundo amor que sentía por su turtor, Franz dÍppold, y aceptar el matrimonio impuesto por su padre, por lo que contrajo matrimonio, en 1784, con Johann Baptist von Berchtold zu Sonnenburg, que era quince años mayor que ella y ejercía de magistrado de St. Gilgen, localidad a la que se trasladó Nannerl a vivir. Su marido había aportado cinco hijos al matrimonio anterior del que enviudó y a ellos se sumaron los tres que nacieron de este nuevo matrimonio. Al mayor de los hijos de Nannerl lo tuteló Leopold quizás para aliviar su soledad,  por la enfermedad del niño o porque no dudaba de la capacidad de ella para afrontar su educación.
La relación entre los dos hermanos se fue enfriando con los años, sobre todo cuando Mozart se casó con Constanze, en 1782, que como se ha dicho anteriormente, no fue bien visto por la familia de Mozart. A partir de entonces se fue espaciando la correspondencia entre Nannerl y su hermano, a excepción de las cartas que fueron escritas con motivo de la muerte del padre de ambos, en 1787, que trajo consigo los problemas inherentes a la herencia. Wolfgang y Nannerl no volvieron a verse  ni una sola vez en los últimos siete años de vida del compositor que murió en 1791.
 Después de fallecer Mozart al que sobrevivió muchos años, siguió tocando el piano, pero dejo completamente de lado la creación a la que nunca se refirió Leopold, quizás dándole el protagonismo en esa parcela musical a su hijo varón y creando la duda de su propia valía en la hija obediente a los dictados del padre, hombre al fin y al cabo.
Cuando enviudó Nannerl, en 1801, regresó a Salzburgo donde siguió impartiendo clases de piano. Quedó ciega en 1825 y murió cuatro años más tarde, a los 78 años. Recibió sepultura en la Abadía de San Pedro de la ciudad austríaca.
Esta mujer, genial en su talento musical, tuvo que sufrir el ostracismo y renunciar a su vocación, cuando alcanzó edad casadera y se hizo mujer, por las imposiciones de la época, como en otros siglos anteriores y posteriores, en los que el papel  femenino se reducía al de madre y esposa, malográndose así muchas inteligencias, vocaciones y aptitudes que no llegaron a madurar por los prejuicios sociales y la esclavitud intelectual a la que la mujer ha sido sometida desde el principio de la Historia.
No existió un solo Mozart genial, sino dos, pero a uno de ellos, a la hermana, su condición de mujer le impidió alcanzar la gloria a la que llegó Wolfgang, por un prejuicio sexista, por ese prejuicio atávico del hombre que no quiere dejarle luchar a la mujer con sus mismas armas porque teme que pueda vencerle en ingenio, inteligencia, talento y capacidad creadora. No es complejo de superioridad, sino de inferioridad que teme que sea puesto en evidencia.