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lunes, 30 de enero de 2017

Svetlana Aleksiévich


Svetlana Aleksiévich

La cronista bielorrusa Svetlana Aleksiévich, cuyo nombre completo es Svetlana Aleksándrovna Alexiévich, fue  galardonada con el Premio Nobel de Literatura de 2015.

Nacida el 31 de mayo de 1948, en Stanislav, Ivano-Frankivsk, Ucrania.Hija de un militar soviético de origen bielorruso y de una maestra ucraniana. Su infancia transcurrió en Bielorrusia.

Comenzó a escribir poesía en su etapa de estudiante y artículos que publicaba en la prensa escolar. Cursó estudios de periodismo en la Universidad de Minsk desde 1967 y se graduó en 1972, y a partir de entonces se trasladó a Biaroza, provincia de Brest, donde inició su trabajo como periodista y, también, como profesora de historia y de lengua alemana. Ejerció como reportera en Narowla, provincia de Gómel, y trabajó en la revista literaria Neman, de Minsk, para la que escribió cuentos, ensayos y reportajes.

Después de abandonar Bielorrusia, en 2000, residió en París, Gotenburgo y Berlín, aunque posteriormente regresó a Minsk.

Entre sus trabajos periodísticos más importantes se destacan las entrevistas a distintos e importantes personajes de la etapa soviética y postsoviética. Se le compara con Alexandr Solzhenitsin y se advierte en ella la marcada influencia del escritor bielorruso Alés Adamóvich, al que se refiere como su maestro.

En toda su obra se aprecia que sus textos están a caballo entre la literatura y el periodismo porque ofrecen una prosa documental en la que predominan los testimonios individuales. Un ejemplo de ello aparece en su libro "La guerra no tiene rostro de mujer", en el que entrevistó a mujeres rusas participantes en la II Guerra Mundial. La obra la terminó en 1983; pero, a causa de poner en entredicho las ideas estereotipadas sobre el heroísmo soviético, las autoridades soviéticas la acusaron de tener ideas propias del naturalismo y pacifismo, lo que constituían duras acusaciones en esos momentos y, por ello fue publicada dos años después, gracias al proceso de reformas políticas conocido por la Perestroika. A raíz de la adaptación teatral de esta obra, realizada en Moscú, en 1985, sirvió de apoyo a la Glásnost del régimen soviético iniciada por Mijaíl Gorbachov. Ingresó en 1984 en la Unión de Escritores de la Unión Soviética, pero no pudo publicar hasta ya iniciada la Perestroika, en 1985, el primer volumen de su ciclo «El hombre rojo. La voz de la utopía». Sufrió acoso por el régimen de Aleksander Lukashenko, presidente bielorruso.

Svetlana Aleksiévich se autotitula "historiadora del alma", por ser una reportera que como ella misma afirma: "Sigo las pistas de la existencia del alma, hago anotaciones del alma... El camino del alma para mí es mucho más importante que el suceso como tal, eso no es tan importante. El "cómo fue" no está en primer lugar, lo que me inquieta y me espanta es otra cosa: ¿qué le ocurrió allí al ser humano?" (el fragmento pertenece a la obra "La guerra no tiene rostro de mujer", publicada por Debate). Su mayor preocupación al escribir una crónica es facilitar las pistas al lector para que pueda comprender mejor a quienes son los protagonistas, muchas veces simples víctimas de los sucesos que narra, aquellos hechos que ofrecen los tintes más oscuros, sombríos y tenebrosos del supuesto extinto mundo soviético, tanto en el plano político como en el intelectual y espiritual.

En 1989 publica Tsinkovye Málchiki (Los chicos de cinc), en la que ofrece los terribles testimonios de madres de soldados rusos que lucharon en la Guerra de Afganistán; en Zacharovannye Smertiu (Cautivados por la muerte), 1993, trata sobre los suicidios de quienes no pudieron soportar el fin de la ideología comunista del régimen soviético; "Voces de Chernóbil" (1997), fue traducido al español en 2006, obra que trata sobre quienes se sacrificaron a raíz de la catástrofe nuclear de Chernóbil. El libro ofrece la extensa y exhaustiva información recogida en las entrevistas realizadas a más de quinientas personas, durante diez años, que fueron testigos del desastre de Chernóbil, Ucrania. En la obra "El tiempo de segunda mano. El final del hombre rojo", publicada en 2014, es la radiografía del final de la utopía comunista soviética.

Svetlana Aleksiévich no sólo realiza trabajos de investigación periodística, sino que su inquietud creativa le ha llevado a escribir tres piezas teatrales y veintiún guiones de cine.
Su carrera profesional recoge innumerables galardones y premios a partir de 1996 cuando su carrera estaba consolidada. Ha recibido importantes premios internacionales como el polaco Ryszard-Kapuscinski, en 1996, el Premio Herder, en 1999 y el Premio de la Paz del Comercio Librero Alemán, en 2013, entre otros. En 2015 le ha sido otorgado el Premio Nobel que pone de relieve y respalda no sólo su inmensa labor, sino también la realizada por generaciones de grandes cronistas que ahora ven reconocido su incansable esfuerzo por narrar la realidad de este mundo caótico en la figura de Svetlana Alexiévich..

En España sólo se han publicado cinco de sus libros dedicados a narrar el terrible infierno que supuso la utopía comunista, la pesadilla en la que se transformó el sueño de la razón soviética, que confirmó lo dicho por Goya cuando afirmó que "la razón crea monstruos". Los cinco títulos publicados son «Voces de Chernóbil. Crónica del futuro» (Casiopea, 2002 y DeBolsillo, 2015), «El fin del homo soviéticus» (El Acantilado, 2015), «La guerra no tiene rostro de mujer» (Debate, 2015); «Los últimos testigos. Cuentos nada infantiles» (Debate la publicará en 2017).

La propia autora ha afirmado "He escrito cinco libros pero, en realidad, llevo casi cuarenta años escribiendo una única obra, consistente en hacer la crónica de lo que fueron los Gulag –campos de concentración estalinistas-, las guerras, la catástrofe de Chernóbil y la desintegración del Imperio Rojo. Atrás queda un mar de sangre y una gigantesca fosa común", según ha manifestado en recientes declaraciones.


Svetlana Aleksiévich ha demostrado que la realidad supera a la ficción en sus relieves más siniestros, y que la crónica de la realidad puede estar dotada de técnicas literarias que la convierten en auténtica literatura, aunque también trufada de connotaciones cinematográficas: planos cortos, medios y largos en cuanto al enfoque de la narración, diálogos medidos e intercalados en la narración de los hechos, ritmo creciente en intensidad, montaje de la estructura narrativa que ofrece lo mejor de la técnica cinematográfica para que el lector se vea envuelto en los sucesos narrados por sus protagonistas sin perder, por ello, su naturaleza de narración escrita.