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martes, 6 de septiembre de 2011

Citas de María Zambrano



Mientras religión y ética pueden dirigirse al individuo aislado y podrían existir en un solo hombre sobre el mundo, la política necesita para su posibilidad la existencia de la sociedad.

Fácil sería demostrar que desde las Cruzadas hasta los últimos conatos de revoluciones, la historia de Europa ha estado movida por utopías, por grandes imposibles. Y, sin embargo, de esos delirios ha salido la historia efectiva. Y más aún que como realidades, bien tristes si se las mira sin dejarse deslumbrar por su gloria, conmueve por lo que tienen de monumentos funerarios de las esperanzas europeas, de las concreciones que en forma de empresas ha tomado la esperanza europea. Son sus rastros, las huellas en la arena del tiempo de su anhelo. Son las cenizas de sus sueños.

La historia no es sino un diálogo, bastante dramático, por cierto, entre el hombre y el universo.

Si se hubiera de definir la democracia podría hacerse diciendo que es la sociedad en la cual no sólo es permitido, sino exigido, el ser persona.

La filosofia moderna no ha pretendido reformar la vida. Por el contrario, quiso trasformar, la verdad.

¿Es de extrañar que el amor haya preferido casi siempre el derrotero poético al filosófico?.

La biografia de un filósofo es su sistema.

Un filósofo es el hombre en quien la intimidad se eleva a categoría racional; sus conflictos sentimentales, su encuentro con el mundo, se resuelve y se transforma en una teoría.

Nadie enseña a nadie filosofía. El sistema es lo único que ofrece seguridad al angustiado, castillo de razones, muralla cerrada de pensamientos invulnerables frente al vacío.

La luz ligera que envuelve las imágenes de los dioses ha prefigurado la luz impasible de la inteligencia.

La melancolía es una manera, por tanto, de tener; es la manera de tener no teniendo, de poseer las cosas por el palpitar del tiempo, por su envoltura temporal. Algo así como una posesión de su esencia, puesto que tenemos de ellas lo que nos falta, o sea lo que ellas son estrictamente.

Sólo en soledad se siente la sed de verdad.

El poder tiende a ser taciturno.

El pensamiento, cuanto más puro, tiene su número, su medida, su música.

El hombre es un ser escondido en sí mismo.

La biografía de un filósofo es su sistema.


Filósofo es el que ya no se queja.




Decir la verdad es imposible; o es nefanda o es inefable.

La melancolía es una manera, por tanto, de tener; es la manera de tener no teniendo, de poseer las cosas por el palpitar del tiempo, por su envoltura temporal. Algo así como una posesión de su esencia, puesto que tenemos de ellas lo que nos falta, o sea lo que ellas son estrictamente.

La luz ligera que envuelve las imágenes de los dioses ha prefigurado la luz impasible de la inteligencia.

Nadie enseña a nadie filosofía. El sistema es lo único que ofrece seguridad al angustiado, castillo de razones, muralla cerrada de pensamientos invulnerables frente al vacío.

Un filósofo es el hombre en quien la intimidad se eleva a categoría racional; sus conflictos sentimentales, su encuentro con el mundo, se resuelve y se transforma en una teoría.

El filósofo no se contenta con gustar de la vida, sino que quiere penetrar en ella, reduciéndola, haciéndola consciente, transparente a su razón.

La luz del pensamiento filosófico no es la luz viviente del sol, sino la claridad, principio de la vida según Platón, el teólogo de esta luz.

¿Es de extrañ
ar que el amor haya preferido casi siempre el derrotero poético al filosófico?



La filosofía moderna no ha pretendido reformar la vida. Por el contrario, quiso trasformar, la verdad.

Si se hubiera de definir la democracia podría hacerse diciendo que es la sociedad en la cual no sólo es permitido, sino exigido, el ser persona.

Es posible llegar a destruir un orden y establecer otro, con la consiguiente aureola revolucionaria, en nombre de una tendencia conservadora.